Imagina que estás en el mar…
De repente, ves venir una ola gigante. Es una ola de ansiedad, de tristeza profunda o de enfado. Tu primer instinto, el más humano y natural, es luchar. Empiezas a bracear con todas tus fuerzas contra ella para que no te alcance, pero la ola es demasiado fuerte. ¿El resultado? Solo consigues tragarte el agua, agotarte y hundirte más.
¿Y si en lugar de luchar contra ella, aprendieras a surfearla?
En psicología, a ese instinto de luchar contra lo que sentimos lo llamamos «evitación experiencial». Y, paradójicamente, nuestro intento constante de no sentir dolor o malestar es la principal fuente de nuestro sufrimiento a largo plazo.
El Mito de las Emociones «Malas»: Por Qué Necesitas Sentir para Sanar
Desde pequeños nos enseñan a clasificar las emociones en dos cajas: las «buenas» (alegría, calma…) y las «malas» (tristeza, miedo, ira…). Pero la realidad es que no existen emociones malas o negativas.
Todas las emociones son simples mensajeras, por ejemplo:
- La ansiedad nos alerta de un peligro (sea real o percibido por nuestra mente).
- La tristeza nos avisa de que hemos sufrido una pérdida y necesitamos pausar para asimilarla.
- La ira nos indica que se ha cometido una injusticia o se ha traspasado un límite personal.
La trampa del control: Cuando luchas contra una emoción repitiéndote «no debería sentir esto» o «tengo que calmarme ya», caes en una trampa. Es como si te dijera: «Por favor, no pienses en un elefante rosa». ¿En qué acabas de pensar? Exacto. Cuanto más intentas no sentir algo, más grande, ruidosa y persistente se vuelve esa emoción.
De la Lucha a la Aceptación: ¿Qué Significa «Hacer Espacio»?
Aceptar una emoción no significa resignarse a vivir mal, ni mucho menos que te guste sentir ansiedad o tristeza.
Desde la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), la aceptación es la decisión valiente de permitir que la emoción esté ahí, sin juzgarla y sin dejar que dirija tu vida. Es como soltar la cuerda en un juego de «tira y afloja» contra un monstruo: el monstruo sigue ahí, pero tú ya no te estás despellejando las manos ni gastando toda tu energía en la pelea.
El mayor beneficio de esta aceptación es la libertad. Liberas una cantidad enorme de energía mental que antes gastabas en la lucha, energía que ahora puedes invertir en lo que de verdad te importa.
La Guía Práctica del Surfista Emocional: El Método «OLA»
Aprender a surfear no se logra leyendo un manual, requiere práctica. La próxima vez que sientas que una emoción intensa amenaza con arrastrarte, recuerda el acrónimo OLA:
Paso 1: O – Observa y Nombra
- Observa: Detente un momento, sal del piloto automático y reconoce lo que está pasando.
- Nombra: Ponle una etiqueta a la emoción sin juzgarla. En lugar de decir «soy un manojo de nervios», prueba a decir: «Ah, estoy notando que ha aparecido la ansiedad» o «Siento la presencia de la tristeza». Esto crea una pequeña pero poderosa distancia psicológica (lo que llamamos defusión).
Paso 2: L – Localiza en tu Cuerpo. Lleva tu atención a las sensaciones físicas. ¿Dónde sientes esa emoción? ¿Es un nudo en el estómago? ¿Presión en el pecho? ¿Calor en la cara? Conviértete en un explorador curioso de tu propia experiencia física. Esto te ancla en el momento presente y te saca del bucle mental catastrófico.
Paso 3: A – Acompaña y Actúa
- Acompaña: Respira «hacia» esa sensación física, como si le hicieras espacio dentro de ti. Imagina que tu respiración envuelve la emoción con amabilidad. No estás respirando para que se vaya, estás respirando para permitirle estar.
- Actúa: Con la emoción a tu lado (imagínala como un pasajero pesado en tu coche, pero recuerda que tú eres quien conduce), pregúntate: “¿Qué pequeño paso puedo dar ahora mismo que sea importante para mí?”. Y hazlo. Puede ser seguir trabajando, llamar a un amigo o simplemente prepararte una taza de té.
Conclusión
Aprender a surfear tus emociones es un entrenamiento que construye resiliencia y te otorga una profunda libertad psicológica. El objetivo de la vida no es que el mar esté siempre en calma (eso es imposible), sino convertirte en un surfista experto capaz de navegar cualquier tormenta.
Este es un entrenamiento mental y emocional que puede cambiar tu vida. Si sientes que las olas te superan, que el mar está demasiado revuelto y te gustaría tener un instructor a tu lado, la terapia te proporciona las herramientas y el apoyo necesario.
Reserva tu cita y aprendamos a navegar juntos.
Lamia Chennaoui | Psicóloga Sanitaria M-38600

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