Sé que llegar a la decisión de buscar terapia de pareja es un paso enormemente difícil y, a menudo, el más costoso de todo el proceso. En mi consulta, veo que las parejas que acuden a mí traen consigo una mezcla de esperanza, nerviosismo y, sobre todo, muchas dudas sobre qué encontrarán en esa primera sesión.
Es natural sentir incertidumbre. Puede que incluso tengáis miedo de que la situación empeore o de que se os pida un esfuerzo inútil. Sin embargo, mi objetivo principal es que sepáis que este es un espacio seguro, sin juicios y estructurado, diseñado para ayudaros a abordar las tensiones relacionales que son una notable fuente de sufrimiento.
La construcción de una sólida alianza terapéutica es fundamental para una evolución positiva, y por eso, desde el primer momento, mi trabajo es crear un clima de confianza. Para empezar a desdibujar esos miedos, me gustaría romper tres mitos comunes sobre la terapia de pareja.
Mito 1 vs. Realidad 1: El mito del juez
Mito: «El terapeuta buscará un culpable, y uno de los dos saldrá perdiendo o con la razón.»
Cuando las parejas llegan a terapia abrumadas por el malestar y el conflicto, es frecuente que busquen que el terapeuta determine quién tiene razón. Es una necesidad natural intentar resolver las diferencias de manera definitiva. Sin embargo, si uno de vosotros se siente desequilibrado o cree que me decanto por el punto de vista del otro, estaré fallando en mi trabajo.
Realidad: «Mi trabajo no es ser un juez, sino una facilitadora que busca patrones disfuncionales y promueve la colaboración.»
Mi función es dejar claro que los problemas son relacionales, no se centran en el fracaso de una sola persona. Mi objetivo es trabajar en la conceptualización del caso, donde las explicaciones de vuestros problemas y su abordaje recaen en las interacciones mutuas.
No se trata de repartir razones, sino de construir una nueva perspectiva que contemple las necesidades de ambos. Mi foco está en identificar los patrones de interacción o la dinámica de vuestra relación. Por ejemplo, en mi consulta observo si recurrís a procesos de coerción, vilipendio o polarización. Una parte crucial de la terapia es introducir un espíritu de colaboración, enseñándoos a resolver los problemas como un equipo solidario.
Mito 2 vs. Realidad 2: El mito del último recurso
Mito: «La terapia de pareja es solo para relaciones que están al borde de la ruptura o en crisis insalvables.»
Es cierto que muchas parejas llegan a consulta cuando el conflicto es muy importante y la desesperanza está instalada. La pareja busca terapia porque percibe que la seguridad y la estabilidad con la figura de apego más significativa están amenazadas. A veces, se ve como un último recurso ante una situación desesperada.
Realidad: «La terapia es más efectiva como prevención y un acto de valentía. Es un espacio para fortalecer el vínculo, mejorar la comunicación y reconectar.»
La terapia es una intervención valiosa que ayuda a construir relaciones más sólidas y saludables en el presente y orientadas hacia un futuro de esperanza. Es un espacio para reconstruir la confianza y la intimidad.
Desde las primeras sesiones, nos dedicamos a recuperar los puntos fuertes de la relación y a aumentar las conductas positivas, como las demostraciones de afecto, que se han ido dejando de lado. Al final, al confrontar y resolver vuestras tensiones, la infidelidad o la crisis puede convertirse en una alarma que permita una versión más sana y madura de la relación. Es un acto de valentía y cuidado mutuo decidir permanecer juntos y enfrentar el trauma.
Mito 3 vs. Realidad 3: El mito de la discusión continua
Mito: «Vamos a estar discutiendo todo el rato, y la sesión será un campo de batalla emocional.»
Es común que las parejas reproduzcan sus discusiones en la consulta, intercambiando acciones negativas como descalificaciones o gritos. Esto sucede porque el mal clima que se genera entre vosotros cuando tocáis temas delicados se exhibe de manera genuina ante mí.
Realidad: «Mi objetivo es crear un ambiente de contención y seguridad para que podáis expresar cómo os sentís con una estructura que evite el ataque.»
Como profesional, mi tarea principal es establecer un ambiente sostenedor, de seguridad y protección, que evite la escalada de violencia o descalificaciones.
En lugar de dejar que la pelea siga, yo controlo el clima terapéutico para transmitir la idea de que lo importante no es el desahogo, sino trabajar hacia algo productivo. Para ello, os acompaño a centraros en la experiencia emocional subyacente (vuestro dolor, miedo, tristeza) en lugar de en la respuesta reactiva (la ira).
Utilizo la estructura para:
- Limitar las interacciones negativas.
- Enseñaros a expresar sentimientos y necesidades utilizando una comunicación clara y asertiva, eliminando acusaciones. Os enseño a hablar de manera suave y sin atacar.
- Fomentar la escucha reflexiva y la validación de la experiencia del otro, lo cual es clave para el proceso.
Mi objetivo es que el conflicto, en lugar de ser un proceso destructivo, se transforme en una oportunidad de intimidad donde os sintáis atendidos, escuchados y comprendidos.
Conclusión
Dar el paso hacia la terapia de pareja es, en esencia, un acto radical de amor a uno mismo y a vuestro vínculo. Requiere compromiso, esfuerzo y perseverancia. No se trata de eliminar todas las discusiones —las desavenencias son inevitables—, sino de aprender a manejarlas de una manera más madura y adaptada, ganando flexibilidad conductual.
Cuando decidís comenzar, estáis eligiendo trabajar juntos, como un equipo, contra vuestros problemas relacionales. Esto os permitirá conoceros plenamente el uno al otro como seres humanos completos. Al final, lo que buscamos es que podáis recuperar la sensación de equipo unido, fortaleciendo vuestra relación.
Si sentís que es el momento de construir una relación más consciente y saludable, os invito a contactar conmigo en PSILAM. Estaré encantada de acompañaros en este camino hacia la reparación de los vínculos y la consecución de un apego seguro.
Lamia Chennaoui
Psicóloga Sanitaria M-38600

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